NUEVAS LETRAS: T, D, J, Y.

Hemos tenido muchas actividades  últimamente (teatros, excursión, carnaval…) y casi no hemos tenido tiempo de contaros que, durante estas semanas, hemos conocido nuevas historias de letrilandia.

Después de las gemelas N y Ñ, conocimos a la doctora T.

 Ella es la médica más importante del hospital del País de las Letras. En la mano siempre lleva un tttttermómetro y no para un momento, porque todos los que se ponen enfermos quieren que los cure la doctora T. Cuando la visitan los niños, los recibe sentada y con los brazos abiertos para darles un abrazo.

Los niños cogen el tttttttermómetro de caramelo que les da la simpática y cariñosa doctora T para que se lo pongan en la boca y sepan cuánta fiebre tienen. De ese modo se van tan contentos, deseando volver a visitarla.

En la sala de espera tiene también, ttttebeos, un ttttelevisor, tttttartas de manzana o chocolate, por si tenían hambre y no habían llevado merienda, tttubos vacíos, para que jugasen a los médicos y no se aburriesen. Y tttijeras para recortar papeles de colores.

Esta doctora recetaba jarabe de fresa, de limón, de chocolate, de vainilla, y cuando se lo bebían, no sabía a jarabe, sino a batido de fresa, de limón, de vainilla… ¡Qué buena idea! ¿Verdad?

Un día la princesa I se puso enferma. Como no mejoraba y no dejaba de toser, sus papás llamaron a la consulta de la doctora T. Cuando la princesa I se enteró, se puso a llorar. No quería ir porque decía que la doctora T siempre le decía que comiera más y que tenía que tomar mucho ttttomate porque tiene muchas vitaminas, y aunque no le gustara se lo tenía que comer.

Al llegar a la consulta y ver la mesa llena ttttebeos, se puso a mirarlos y se tranquilizó. Además, su hermana, la princesa O, que quiso acompañarla para estar a su lado, le contó la historia de un niño tan pequeño como un garbanzo. La princesa I se olvidó del motivo de la visita. Pero cuando la doctora T la hizo pasar a consulta comenzó a llorar de nuevo: iiiii…, iiiii.

La doctora le preguntó con cariño por qué no quería visitarla y, cuando ella se lo contó, la doctora T se dirigió a un armario y sacó un hermoso ttttomate. Lo cortó con cuidado y lo colocó en un plato. Después le echó un poquito de
 sal y lo roció con aceite de oliva. Al principio la princesa I se
resistió un poco, al final probó el tomate que la doctora le 
había preparado y su boca se llenó de un delicioso sabor y le 
pareció que el tomate con sal y aceite estaba muy rico.

“La doctora T tiene soluciones para todo”, pensó la reina A. Desde entonces la princesita I y la doctora se hicieron muy buenas amigas.

Después, conocimos al tesorero D o el señor del dinero.

El señor D, además de guardar el dddddinero, se encarga de acompañar a los reyes cuando van de compras, porque es el responsable de pagar.

Desde que se encargó de ese trabajo colocó el dddddinero en una mochila y se la colgó en la espalda, igual que hacemos nosotros con las carteras. Al principio tenía dos correas para sujetarla, pero como lleva siempre mucho dinero se le rompió una y no ha tenido tiempo de arreglarla todavía. La bolsa le cuelga hasta el trasero y le pesa mucho. Gracias a la mochila que está siempre llena de monedas pudo salvarse una vez. Veréis lo que pasó:

Un día el rey le dijo:


-Ve al banco a llevar todo el dddddinero que nos han pagado y el que hemos ahorrado. Ten mucho cuidado no lo vayas a perder o te lo roben los ladrones.


-No os preocupéis, soy muy cuidadoso y además me acompaña Timbo, el elefante del príncipe E; con él no creo que nadie se atreva a atacarme.

El señor D recogió las monedas y las metió en la mochila, bajó al jardín a buscar al elefante, que se puso muy contento porque el señor D siempre le traía dátiles, y los dos se fueron al banco. El elefante tuvo que quedarse en la calle porque no cabía por la puerta. Sólo entró el señor D con el dinero ¡Qué susto se dio cuando vio que unos ladrones estaban atracando el banco y cargando el dinero en unos sacos!

El señor D hizo como si fuese a quitarse la mochila, pero en lugar de hacerlo dio una vuelta con ella para coger impulso, y empujó con la pesada bolsa a uno de los ladrones. Al seguir dando la vuelta, empujó también al otro ladrón que estaba de espaldas y lo dejó sentado en un sillón, pero con la cabeza. El elefante, que lo estaba viendo todo, metió la trompa por la ventana y agarró los pies del ladrón que estaba en el sillón y lo puso en la rama de un árbol, el otro ladrón quiso escapar pensando que el elefante estaba distraído, lo cogió con la trompa por la cintura y lo metió en el camión de la basura que estaba aparcado delante del mercado. Luego el elefante lo cogió por las piernas y lo puso junto al otro en una rama más alta. Estaba sucio y lleno de basura por todas partes.

El señor D tocó un timbre de alarma y la policía vino a buscar a los ladrones para llevárselos a la cárcel. La gente gritaba: ¡Viva el señor D! ¡Viva el elefante!

Los reyes le llamaron para felicitarles y él contaba una y otra vez su aventura con los ladrones. A los príncipes les encantaba oírla.

  

La semana pasada, conocimos al señor J, el jardinero del País de las Letras.

En el palacio del País de las Letras había un jardín que siempre estaba lleno de flores, especialmente en primavera, que era cuando mostraban sus mejores colores, deseosas de saludar al cielo, al Sol, a los pájaros. En cambio, durante el invierno, como la nieve lo cubría todo, las flores, que son muy perezosas y huyen del frió, se quedaban arropadas debajo de la tierra.

Entre las flores hay violetas, tulipanes y también jjjjjacintos y jjjjjazmines que son los preferidos de nuestro jardinero, porque su nombre empieza igual que habla el señor J.

El señor J es jardinero porque le encantan las flores y porque su forma de hablar es jjjj… jjj… jjj, como si tuviésemos una espina clavada en la garganta. ¡Qué bien!, si nos hacemos sus amigos algún día nos regalará un ramo de rosas, claveles o lilas, que son algunas de las flores que hay en el jjjjjjardín.

El jardinero J cuida las flores con mucho cariño y por eso están tan bonitas. Para que no pasen sed, las riega poco a poco, y para que no tengan hambre, les da abono que es su comida favorita. Cuando hace frío, el jardinero J las guarda en el invernadero, que es una habitación con muchos cristales por donde entra la luz y el sol. Allí las plantas están calentitas. Cuando hace demasiado calor coloca unos toldos para que no se pongan mustias.

El señor J trabaja mucho para mantener bonito el jardín. Tiene que remover la tierra para que esté blanda y fresca; pedir a las hormigas que dejen en paz a las plantas y se vayan al bosque, y cuidar de que los mosquitos, las moscas y las cucarachas no las estropeen. También hay que limpiar las flores, quitarles las hojas secas y arrancar las malas hierbas que crecen entre ellas y las deja sin comida.

Los gigantes, como les daba mucha rabia que en el País de las Letras hubiese un jardín tan bonito, ponían, en el aire frío que mandaban con sus bocas, semillas de hierbas malas y plantas venenosas para perjudicar a las flores. Vosotros tenéis que tener cuidado de no morder hojas ni plantas, no vaya a ser que alguna sea venenosa.

El jardinero J quiere mucho a la princesa I , a la princesa O y al príncipe E, pero procura vigilarlos porque a veces con sus juegos lo estropean todo y le dan mucho trabajo. Acaban poniéndole nervioso. Sobre todo el príncipe E, que 
le corta las rosas o sube a los árboles. Se deja caer en cualquier 
sitio o se esconde detrás de las mangas de riego y las enchufa y lo
 pone todo perdido de agua, tanto que si las flores pudieran hablar,
dirían: ¡ Socorro, que me ahogo!

Pasa mucho rato charlando con los príncipes y contándoles viejas historias. Todos se sientan en el suelo y el señor J empieza a contar: “Érase una vez..”

Algunas veces los reyes bajan al jardín y se unen a la conversación. Las demás letras también acuden a charlar y todos le felicitan por lo bonito que está el jardín.

Esta semana, hemos visto la letra Y, formada por la Princesa I y el jardinero J.

Un día, el rey invitó a la princesa I a enseñar el jardín a los hijos de unos amigos suyos que habían venido de visita. Ella protestó porque no le apetecía jugar con unos desconocidos. Además, esos días tenía mucha tos y mala cara. La doctora T le había recetado jarabe de limón para el catarro, pero todavía se sentía debilucha.

Amenazaba con ponerse a llorar para no tener que salir al jardín cuando el rey, que era muy listo, le dijo: “si lloras, es porque todavía no estás buena, así que tendremos que llevarte al hospital. Es mejor que salgas al jardín para tomar el sol y el aire”.

La princesa accedió y bajó al jardín. De pronto un perro saltó a su lado y ella se apartó muy asustada, creyendo que quería morderla. El perro la perseguía mientras la princesa corría en dirección al castillo llamando a su papá. Al ver que el perro corría más deprisa que ella se echó a llorar y sólo respiró cuando consiguió llegar a palacio. Al oírla, acudió toda la familia y el jardinero, sofocado de tanto correr. También aparecieron los niños que estaban de visita, preocupados.

Los niños le pidieron perdón, porque el perro era suyo. Lo habían dejado en el jardín porque era muy revoltoso y podía estropear algo del palacio: “Como estaba solo, se ha alegrado mucho al vernos y quería jugar con tu ratón. Por eso ladraba y corría”, le dijeron.

-¡No quiero volver a salir sola!. Me he llevado un buen susto y no quiero que se repita.- Dijo la princesa I. 

El jardinero J que la quería mucho, la consoló:

-No te preocupes, cuando tengas que ir sola a algún sitio, llámame y yo te acompañaré si lo necesitas.

-Bueno, pero, ¿cómo te avisaré que voy a salir al jardín sola?

-Muy fácil –dijo el señor J-, mándame a tu ratón amaestrado. Cuando lo vea, sabré que me necesitas e iré a buscarte, y mientras estemos
 juntos le dejaremos nuestros puntos para que se entretenga 
jugando en el jardín.

-¡Qué gran idea! -Dijo la I.

 Así lo hicieron, y caminaban cogidos de la mano los dos juntos, pero sin sus dos puntos de adorno. Más tarde, descubrieron que podían hablar los dos juntos, y que parecían otro personaje distinto, pero el jardinero insistía en que hablara ella porque él se cansaba.

Cuando la princesa tenía que acompañar a las visitas, iba con ella el jardinero, y así los vemos entre otras palabras: papá y mamá; sol y luna… Cuando el señor Estudioso los vio, les dio un nombre muy raro: “ y griega”, porque creyó que era un personaje que había llegado de otro país.

El señor estudioso, que se pasaba el día estudiando qué se podía escribir con el cuerpo de las letras, pensó que era una lástima que un cuerpo tan bonito como la “ i griega” , sólo se emplease para decir I, y que además estuviese siempre sola. Dijo:
-Eso lo tengo que arreglar, debo buscarle un trabajo, voy a probar qué dice cuando está al lado de la Familia Real.

Y vio que sonaba muy bien: ya, ye, yi, yo, yu. Empezó a pensar qué palabras se podrían escribir y encontró algunas como : yema, payaso, ayuda…

 

Continuará…

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5 comentarios to “NUEVAS LETRAS: T, D, J, Y.”

  1. Yolanda Chorro Says:

    Hola Sonia soy la mama de sandra. Oyes en la semana cultural tienen que ir disfrazados de alguna cosa o no.Gracias y un saludo.

  2. Alfredo Martinez Carvajal Says:

    Buenos días, soy Alfredo el papa de Jara.
    Comentaros que Jara lleva desde el sábado con fiebre y que ese es el motivo de que no acuda a clase.
    Un saludo


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